Sábado, 12 de Abril de 1.997 Rezo…
10:14 h. a 12:15 h.
Yo.- Dime.
+ Amada hija, mi fiel Primavera, tanto Yo, Dios, en total Unidad e Individualidad, como Santa María conmigo, hemos escuchado y oído en nuestro Corazón tus peticiones y las de tus hijos, para un futuro vuestro mejor, y todo está ya en mi Mente. Esperad con paz y paciencia, y perseverad en el bien y el amor.
Que el amor familiar sea lo segundo, después de lo primero; que es amarme a Mí, a Dios, sobre todas las cosas. Mis mensajes contigo, amada mía, y a través de ti, son dar la luz al mundo de que debe, debéis amarme sobre todas las cosas. En eso debe fundirse la sabiduría de la mente y el corazón; en creer que Yo soy Dios, y deseo que libremente elijáis hacer el bien.
Y el primer y único bien del hombre, engendrado en la mujer es: amarme. Amar a Dios sobre todas las cosas, ya que soy el que os creé.
Y debéis amar a la familia, ya que, por Mí, por mi santa voluntad, os creó la vida. Y como Yo, Dios, os alimentó en la niñez y os da su amor siempre, como Yo, Dios.
Si amáis a la familia, amáis y honráis a Dios, a Mí, ya que Yo, Dios, os doy vida a través de la unión de la familia. Un hombre y una mujer que se unen en Santo Matrimonio, ya son familia, porque la familia es pertenecer al mismo amor.
Por eso vosotros sois mis hijos, hijos de Dios, por pertenecer al mismo amor, al amor mío, de Dios, que vosotros aceptáis en vuestro amor que vive no sólo en el corazón sino que vive en la mente y en el espíritu. No es sólo un sentimiento que hace golpear con más fuerza los latidos de vuestro humano corazón, sino que da sentido a todo pensamiento que tenéis y es el pan del alma, que se nutre con mis Santas Palabras de amor y resurrección.
Amados míos, tened todos paz, paciencia y perseverancia, y vengo en respuesta a vuestras santas oraciones. No temáis a la “oscuridad” de los tiempos de espera.
Cuando vosotros acudís de visita al médico, antes habéis pedido una entrevista con él, y él sabe de vosotros y os espera. Espera que acudáis a contarle vuestras quejas, y vosotros acudís y antes de pasar a verlo os esperáis en la sala de espera, y allí hay muchos que se esperan. Unos han llegado antes ya que su dolor los puso antes que vosotros en movimiento; otros ya, que, por precaución, acuden al médico a hacerse una revisión, y así por diversos sucesos. Pero no todos a la vez recibís la sabiduría del médico que desea curaros. Unos tendréis un tratamiento más corto, otros más largo, otros saldréis felices de la consulta, ya que recibiréis con su voz, la gracia de saber que no tenéis nada, sólo una falsa alarma que os fue propicia para acudir al médico, y éste os dio el alimento para rectificar en algo pequeño, como puede ser el limpiar la mente de los malos pensamientos. Otros oiréis de boca del médico el triste diagnóstico de que es inevitable vuestro mal, y os destrozará el corazón tal confesión pero siempre os dará consuelo, y si tenéis mucho dolor físico, os aliviará con algún medicamento que os tranquilice el organismo, como hago Yo, Dios, cuando a través de mi eficiente enfermera, la Santa Iglesia Católica; os pido que acudáis a los sacramentos, a la confesión, a la extremaunción y a la comunión.
¡Estos son los perfectos medicamentos de Dios para daros salud! Debéis seguir los dictámenes del Supremo Médico del alma y del cuerpo, ¡Yo, Dios!
Ay, hijos míos, a todos deseo curar, soy un buen Médico. Acudid cuanto antes a Mí y tened paz, paciencia y perseverancia, mientras estáis en la sala de espera.
Tengo la enfermera más eficiente y bonita, Santa María, tu Madre y la mía. ¡Pertenecemos a la misma familia, la Familia de Dios!
Y Yo soy la Fuerza, la Potencia misma, Dios Espíritu Santo, el que os consuelo y os guío al Supremo Médico, ¡Yo mismo, Dios!
¡Venid, aquí estoy!
Rezad, y con vuestra oración pedís hora y os doy día, y estáis en mi lista, en la lista de los bienaventurados, de los que os sabéis necesitados del Padre de familia, de la fuerza de quien os engendré en la unión del hombre y mujer.
Amados míos, mi amor os pone en movimiento, ya que mi amor es el movimiento del mismo amor que a todos os hace crecer en las bienaventuranzas.
Os amo y os inscribo en mi Corazón, antes de la misma unión de vuestros padres.
Si no tuvierais un nombre en mi mente, en la mente de Dios, no seríais engendrados jamás.
No vayáis tan rápidos por la vida, revisad vuestra salud y pedidme hora. Acudid a Mí, a Dios, que tanto os amo.
Mis visitas son siempre fructíferas y se pagan con la voluntad de acudir a Mí, al que Soy, ¡a Dios!
No hace falta que os mováis. Ahora mismo puedes venir de visita a Mí, sólo poniendo tu voluntad en acudir, aunque no sepas qué decirme, Yo vengo, soy un buen Doctor; sólo con verte ya sé el mal que padeces. No hace falta que cuentes los síntomas, mirando a tus ojos, que son los espejos del corazón, sé lo que precisas, lo que deseas pedirme, aunque no sepas cómo decírmelo.
¡No hace falta que me digas nada! Sólo tu deseo de venir, es lo que preciso como Médico para sanarte, ¡sólo esto!
Pero esto, sólo lo tendrás cuando tengas humildad. La humildad va incluso antes que la fe.
Aunque no entiendas mis cosas, la voluntad de Dios, mías, sólo necesitas la suficiente humildad para acudir a Mí, a Dios, y Yo, Dios, te explicaré lo que no entiendes y esta explicación que recibes de Mí, de Dios, es la fe.
La fe, es la explicación en las cosas mías, de Dios, que no entendéis.
Yo, Dios, os doy lo que necesitáis para conocerme y admitir mi amor. Y sólo acudiendo a Mí, a Dios, os lo doy.
No acudáis a Satanás para que os cuente mis cosas, él os mentirá.
El demonio es mi enemigo, es decir, no es amigo mío. Y no es amigo de Dios, porque no me quiere.
Y si no me quiere, es que sabe que existo y que soy Dios, pero no me quiere, se quiere a sí mismo, como hacéis muchos de vosotros, amados hijos míos.
Yo, Dios, no puedo hacer nada cuando no me queréis, cuando dudáis, ya que, si no me quieres haces igual que Satanás, el demonio, que no queriéndome dijo: “No te serviré”.
No quiso entender que mi amor os amara tanto; que quisiera engendraros, y además, quisiera que los Ángeles, por amarme a Mí, a Dios, al Supremo, al Primero, os ayudaran a llegar a Mí, a Dios.
Y él, Luzbel, se marchó de mi presencia y usó otro nombre a partir de aquel abandono: ¡Satanás!
Qué desdichado fue sin Mí, sin Dios.
Mas, su misma desdicha lo empujó a desear que vosotros, mis hijos tan amados, ¡los hombres todos!, hicierais como él, Desdichado, que como él no me quisierais por no entender lo que os pido, ¡que me sirváis!, a pesar de no entender mis órdenes, “que os améis unos a otros y os ayudéis, por amarme a Mí, a Dios, sobre todas las cosas”, tal y como desea un padre para la familia: el que os améis, el que la familia esté unida por la misma santa voluntad. El servirme, el servir a Dios sobre todas las cosas, olvidándoos de vosotros mismos y vuestros deseos de altos cargos: como Luzbel, que tenía un alto cargo, aunque no era mi preferido, ya que Yo, Dios, sólo me prefiero a Mí mismo. Por los demás tengo el mismo amor, el mismo que me tengo a Mí mismo, ya que Yo, Dios, soy toda la Potencia del Amor, del Bien.
Y la central de potencia da siempre toda su potencia. No se guarda la potencia, ya que no es guardable la fuerza misma de la potencia, ya que es Potencia en toda Potencia Infinita.
Es el cable de vuestras mentes y corazón, quienes restringís la potencia, por miedo a quemaros en la Total Potencia de la Locura Infinita de mi Amor, el Amor de Dios, que es Potencia mía.
Si tú no pones cables, ni clavijas de seguridad, para vivir “cuerdo”, para no vivir mundanamente esperando los méritos del mundo: tú serás mi amor por el mundo y haré locuras de mi amor, del Amor de Dios, a través de ti. Sólo debes quitar tus deseos humanos.
Y se quitan con la humildad, la humildad de no importarte ni interesarte nada del mundo, excepto el cumplir con todos y cada uno de mis diez mandamientos y los cinco de mi Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, ¡la del Papa! Y darte a la “locura divina”, por el amor humano con que me amas, con que amas a Dios.
Y te das, por mi amor, a tu familia. No sólo a la familia de sangre, sino a la gran familia que perteneces, a la familia de Dios, que sois todos, todos los hijos de los hombres.
Y debes darte evangelizando, que evangelizar es dar a conocer al mundo el amor de Dios, ¡mi Amor!
¡¡Necesito apóstoles!! Necesito hijos locos de amor de Dios, que Yo, Dios, haré Locuras Divinas a través vuestro.
Y las locuras, son estas cosas que los hombres decís que son imposibles y fuera de coherencia.
¡Yo, Dios, hago brotar agua en el desierto si un apóstol mío golpea, según mi mandato, el suelo! Y doy dinero para conseguir llevar mi Evangelio de un lado a otro de la tierra.
¿Qué es imposible para Dios?
¡¡Nada!!
Nada es imposible para Mí cuando un apóstol abraza libremente su cruz, es decir, se niega a sí mismo, a sus libres deseos, para libremente servirme a Mí, a Dios, dando con su amor, que es entrega y servicio, amor al mundo: Locuras de Amor de Dios, cosas imposibles y “necias” a los ojos de los hombres, a los ojos de quien hace como Satanás y se rebela contra mi Santa Voluntad, por no entenderla, por no desear servir por Mí, por Dios, a todos los hombres sin discriminación y dar mi Amor con su amor, el Evangelio.
¡¡Hay que evangelizar!!
No en vano mi única Iglesia es la Católica, Apostólica y Romana, es la que tiene apóstoles, es decir, instrumentos míos, de Dios, para dar mi Evangelio de Amor al mundo, bajo las órdenes de Roma, de donde reside el Papa. ¡Él, él, es mi hombre!, y es quien os guía.
Él hace como debéis hacer todos y cada uno de los bautizados en el Catolicismo: debéis dar mi Amor al mundo y enseñar el Catecismo.
Mi Amor es el Bautismo, y el Catecismo son los diez mandamientos de mi Santa Ley, desarrollados y matizados, para que todos los hombres los entendáis, los cumpláis y seáis apóstoles unos con otros.
Sólo el Papa tiene mi Santo Espíritu, ya que sólo preciso de uno para guardar y salvaguardar lo puro, lo que es mi Voluntad. Los demás tenéis a Dios para seguir con fidelidad al Papa, al Cabeza de Familia del mundo, ¡el Cristo viviente! Esto es el Papa, ¡¡Yo!! Es Yo mismo, ¡¡Dios!! Y debéis amarlo como si de Mí, de Dios, se tratara.
¿Qué hace un Papa?
El Papa, ante todo, es hombre de oración constante, es fiel espejo de lo que tiene que ser un verdadero apóstol. ¡Es libre! Y por su libertad lo dejó todo, para darme al mundo.
Quien ve a un Papa, si no ve a Dios mismo, es que este Papa, aunque tiene mi santo Espíritu Santo, no es un verdadero hijo mío. Eso no lo entendéis y creéis que el Papa tiene que ser perfecto, por el hecho de ser Papa.
Y te diré, el Papa no tiene ningún sacramento especial para él. Es decir, se las tiene que apañar como cada uno de vosotros, para ser bueno y fiel.
Cuando en él tenéis la Gracia, por sus propios méritos y por los míos, de Cristo, de tener un buen Papa, un ejemplo viviente de santidad, os es más fácil ver en él a Mí, a Cristo. Eso os lo comprendo, pero os pido que todos recéis para la santidad del Papa, sea cual sea, ya que las oraciones de la Iglesia es oración que sube junta al Cielo, en petición de holocausto, de agradable olor a Mí, a Dios.
Un Papa piensa en sus hijos sin discriminación, y por lo tanto, no puede permitir el mal en la Iglesia Católica, ya que esto sería discriminar a los buenos, a los que ven en él a Mí, a Cristo vivo.
Un Papa debe vivir obsesionado en amarme sobre todas las cosas y personas.
Y un hombre libre, debe vivir obsesionado en amarme sobre todas las cosas y personas.
Familia de Dios, familia mía, sed todos mis amantes hijos, que me amáis y os amáis, por amarme primero; y por vuestro amor al mío, haré Yo, y no vosotros con vuestros pobres medios humanos, maravillas en el mundo, que tiene sed de ser santo, de ser perfectos.
Todos deseáis ser perfectos, hacer lo bueno, pero lo bueno y el bien, es lo mismo.
Muchos pensáis que lo bueno son los resultados y no tiene nada que ver, o muy poco, con el bien; pero no es así. Dais preferencia al final, lo bueno.
Empezad con el principio, con hacer el bien. Y si hacéis esto, sin duda tendréis un buen final, lo bueno.
Yo, Dios, os enseño, ya que soy el Camino.
Y, ¿qué soy Yo, Dios?
Soy bueno Conmigo mismo, con Dios.
Pero vosotros no sois dioses, por lo tanto, sois imperfectos. Pues, si buscáis lo perfecto, no hagáis lo que se os antoje, por ser un deseo de lo que sois, que sois imperfectos.
Si deseáis dar al mundo lo bueno, haced lo perfecto, haced lo que Yo, Dios, deseo. Lo que es mi voluntad, la voluntad de Quien es en verdad Bueno, ¡Yo, Dios!
Servidme, y no os cambiéis de nombre para hacer el mal, como hizo Luzbel, y lo llamé Satanás, ¡Desgraciado!
No vivas tú como él, sin mi Gracia. Vive con mi Gracia y conserva tu verdadero nombre, hijo de Dios, por amarme, por amar al Padre.
Y sé feliz y haz locuras. ¡Te quiero loco por Mí, por Dios!
Podéis llamarme “loco” ya que no hago lo “cuerdo” según vuestros ojos. Fijaos en un simple detalle mío, te amo, aunque tú no me ames, y espero siempre, de continuo, recibir este amor tuyo que no me das, ni piensas darme.
¿No es ser loco esperar lo que parece que no me vas a dar? Pues Yo lo espero.
Te di la libertad y sigo esperando me des tu obediencia a la locura de vivir por Mí, por Dios, a lo que los mundanos llaman locura, y mueren cada día sin pronunciar mi Nombre, esperando nada.
Y la vida les continúa en el Infierno de los que se cambiaron el nombre y no vivieron en mi Gracia. ¡Desgraciados!
Yo.- Te amo Dios mío. Gracias por utilizarme, por hablar a través de mi mano, al mundo.
+ Tú no eres desgraciada, tú eres agraciada por tener mi gracia y estar loca ante el mundo, que deseando morir, vive eternamente.
Bienaventurados los que sois llamados locos a causa de servirme, por amarme sobre todas las cosas.
Yo, Dios, sello mi “locura” que uno a la tuya, y te prometo fielmente que os daré todo lo que precisáis para ser apóstoles de mi Iglesia Católica, que servís por mi obediencia, al Papa de Roma.
Os quiero, ¡os amo! Os bendigo, amados locos de mi Amor, el Amor de Dios, el que Soy, ¡Yo!