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Revelaciones 28

Domingo, 20 de abril de 1.997     Rezo…
8:54h. a 10:10h.

+ Y continúo Yo, Dios. Cuando digo descansar, no es cambiar de acción, sino, estar en reposo de cuerpo y mente, en meditación de mis cosas.

Cuando Yo, Dios, descansé, después de la Creación, estuve viendo que todo era bueno, así pues, que me deleité en lo mío, en lo creado. Pues vosotros, hijos amados míos, por ser legítimos por estar bautizados, debéis imitarme, imitar a Dios en todo incluso en el día de descanso, y no hacer ninguna acción, ni actividad de trabajo, sólo lo mínimo para gozar santamente del descanso corporal y de la mente.

Hay muchas, muchísimas actividades mundanas que llamáis lícitas, ya que no incurren en ningún pecado, pero realmente os cansan u os atrofian la mente, o sobrecargan al corazón de emoción que perjudica la salud.

Me place que, en domingo, vengáis a verme en el Sacrificio de la Santa misa.

Y digo y repito Yo, Dios; en domingo y no en sábado.

¿No llamáis al Domingo el día del Señor? Muchos os confundís y es para estos el día del fútbol, ¿no es cierto? O la madrugada de la discoteca.

No hay nada más placentero para descansar la mente, y el cuerpo, que una buena confesión y una santa comunión.

Y venid de mañana, no lo dejéis para lo último del día, ya que acudiendo cuanto antes a Mí, a Dios, os quedará más tiempo para descansar, viviendo en mi gracia, abrazados por mi amor, y besados por mi santa paz que os doy.

Y en este día de descanso no huyáis de la familia: ni la humana, ni la divina. Padres e hijos, descansad juntos, estando juntos y compartiendo juntos el descanso. Olvidaos de la escuela en este día. Nada de entregar a vuestros hijos a quien no es de la familia.

Y acordaos de los familiares y de los santos amigos. Relacionaos, interesaos unos por otros. Preocupaos unos de otros por amor a Mí, a Dios, que os deseo juntos.

No me agrada que acudáis a restaurantes, y espectáculos, ya que hacéis trabajar a los demás.

Recordad siempre que lo que no queráis para vosotros no lo deseéis para otros. Yo, Dios, creé el día de descanso para todos, no sólo para los ricos y poderosos. Deseo que los pobres y humildes descansen también.

Que cada uno medite en su corazón y no haga trabajar a ningún semejante el día que le toca descansar.

Si puedes poner gasolina a tu coche el sábado, no esperes hacerlo el domingo.

Son pequeños detalles que no cumplís, por no meditar con eficacia mi segundo Santo mandamiento, que aún hoy os doy: Amarás al prójimo como a ti mismo, por mi amor, por amarme a Mí, a Dios.

Sé justo, practica la justicia en el día de descanso que te exijo: no sólo te lo pido, sino que te lo ordeno, Yo, Dios, creador del universo.

Pero ahora, tampoco os digo que os paséis al otro extremo y me seáis excesivamente escrupulosos; los médicos deben atender a los enfermos en el día de descanso, como si fuera un día laboral. ¡No hagáis mal a nadie!

Todas mis peticiones, las peticiones de Dios, se basan en hacer el bien. Y el sentido común que os pido tantas veces es esto: saber buscar el bien y separarlo del mal, ya que el sentido común humano también lo podéis acomodar a lo mundano. Por ejemplo, cuando os pido me deis todos los hijos que Yo, Dios, deseo.

Sé que muchos, muchísimos, vais justos de dinero y tiempo, y aplicáis el sentido común humano y decís: “no se puede, es imposible”.

Y aún muchos tenéis fe, y me vivís con obras, pero el verdadero sentido común es hacer el bien, siempre el bien.

¡Lo que hay que hacer, se hace! Y Yo, Dios, pongo lo demás. Esto lo saben todos los grandes santos, ¿o no sois vosotros mis santos futuros?

Y os repito, para que os quede grabado para siempre, a partir de hoy; el lícito uso del sentido común es hacer siempre el bien, a pesar de los obstáculos e impedimentos que creáis ver, tener, percibir.

Yo, Dios, soy Todopoderoso y soy el Bien: y quien se une a mi Doctrina y vive en Gracia, por estar de continuo limpio de pecado, a éste, mi Bien le hace bien.

Así es.

Yo.- Amado mío, te pregunto, ¿por qué me dijiste: “Los pecados más grandes en quien está bautizado, no son nada”?

+ Yo, Dios, morí por tus pecados, por los pecados de todo el mundo en general, y en particular, y todo lo que me pedís en mi Nombre, en el nombre de Jesucristo, es oído y escuchado por Dios, Yo mismo en Unidad Santa.

Por eso te dije que quien no está bautizado no es nada, ya que Yo, Dios, no estoy con él, ni se ha limpiado su nombre en el día del Bautismo; con mi Nombre, mi Agua y mi Espíritu Santo.

Todo hombre bautizado tiene vía directa con la Santísima Trinidad, Dios. Y aunque por sus pecados no la usa, no por eso deja de funcionar nuestra conexión en los últimos instantes de vida, antes de volver a la nada, de donde salió por mi voluntad.

Todos los bautizados tenéis vía directa con Dios, ¡todos! Y por mi amor y misericordia, si en el último instante de vida terrenal me pedís perdón por vuestros pecados, Yo, Dios, en Unidad Santa, tal y como vengo a ti por el Bautismo, te perdono. Repito, Yo, Dios, te perdono.

Yo.- Amor mío y… ¿Qué ocurre si no están bautizados?

+ Los méritos de mi Cruz van a los que libremente me quieren, ya sea para ellos o para sus hijos.

¡No hay más grande herencia, ni mayor tesoro, que bautizar a vuestros hijos!

Dándoles a Dios les dais todo, todo, incluso el éxito y las riquezas humanas. ¡Soy el amo del Cielo y la tierra! Y, ¿por qué no he de daros riquezas, si sabréis con caridad, y viviendo la pobreza, derramarlas por mi amor al mundo?

Soy justo, ¿no lo recuerdas? Y te necesito a ti, hijo fiel, para que llegue mi bien al mundo. ¡Y te necesito, rico, para que viviendo pobre ayudes a los necesitados!

Y, ¿quién necesita más de Mí, de Dios? ¡El que no está bautizado!

Cuando muere uno que no está bautizado, porque libremente y cuerdamente no ha querido, repito Yo, Dios, porque libremente y cuerdamente no ha querido: y de éstos hay pocos, muy pocos, mayormente mis hijos seguís sin saber lo que hacéis, por muchos títulos universitarios y pompos que os deis, a los que mueren sin ser bautizados. Y tal y como nuevamente repito para que os cercioréis de mi justicia, los que morís sin tener el bautismo, porque libremente y cuerdamente no habéis querido, vosotros sois juzgados por Mí, por Cristo Juez, no por Cristo Hermano y amigo, sino por Cristo Juez. Y mi veredicto lo recibís y vais por vuestra libertad, que habéis usado en libertad, y que no estáis por ello arrepentidos, y digo Yo, Dios:

V A I S    A L    I N F I E R N O.  (Lo dice despacio y claro).

Pero los que no estáis bautizados, y no lo estáis por no usar libremente de libertad: a vosotros os juzgo Yo Cristo como Juez Amigo, no como hermano, pero sí como Amigo. Y mi amistad os da la misericordia de Dios, Mía, si os arrepentís en el último día de no estar bautizados y de todos vuestros pecados. A vosotros, mi justicia os encamina al Purgatorio, ¡no podéis ir directos al Cielo! Debéis ganaros, con múltiples sufrimientos, lo que no habéis recibido por el Bautismo. Es así, así es, hijos míos.

Y repito, los pecados más grandes de quien está bautizado y los ha ido confesando, no son nada: mi Sangre, la Sangre del Cordero, los lavó y lleváis el vestido blanco que os di el día y la hora de vuestro Santo Bautismo, por el que morí Yo, Dios.

Sí, Yo, Dios, vine al mundo y morí, para que así, pudiendo bautizaros en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, fuerais limpios de todo pecado, de los que aún no has cometido y cometerás. Yo, Dios, por ellos morí: eso es así, así es, amados míos.

El Cordero, fue entregado y muerto, para que tú y tus hijos podáis bautizaros y ser santos: sí. Y venir después de la muerte al Cielo Eterno, sin sufrir ni un instante en el Purgatorio, siendo repentinamente felices para siempre, desde el mismo momento de morir.

¿Deseas tú esto para ti y tus hijos?

Pues, ¡bautízate, bautiza! Sólo morí para que el Agua del Bautismo toque tu cabeza.

Por esta operación tan simple, sencilla y gratis, Yo, Dios, vine al mundo. Yo, Dios, viví en el mundo, amé al mundo, sufrí por el mundo y morí por el mundo: para que tú te bautizaras, y como Yo, Jesús, el Dios Hijo Jesucristo, resucitaras a la Gloria Celestial.

Benditos los que libremente sois míos y me dais a los demás por el bautismo. Las palabras de Dios, sin dar el bautismo, son falsas para los hombres de buena voluntad.

… 10:10h. a 11:00h.

Yo.- Amado mío, Dios mío, recuerdo que hace tiempo me dijiste que incluso algunos de tus sacerdotes desean anular los sacramentos.

+ Esto dije, y esto digo, Yo, Dios.

¿Qué os quedará de Mí, de Dios si se anulan los sacramentos? Nada, ¡nada! Sería como si Yo, Dios, no me hubiera hecho hombre en Jesús, el Hijo de María Virgen. Como si no hubiera existido y muerto por quien tanto amo, ¡hasta la locura; a vosotros, a ti!

Muy astutamente, algunos de mis cardenales, obispos y sacerdotes, desean anular los sacramentos. Empiezan por no hablar de ellos, se quedan en la figura de un Jesús difuminado, y abundan en la fraternidad; en amarse unos a otros. Y como, claro, cada uno es tan imperfecto, y lo sabéis los que queréis ser buenos; que no sois capaces de acusaros mutuamente, y el pecado particular queda como un pecado colectivo.

Y si tú solo no tienes la culpa, sino que la compartes, ya no es tan grave la culpa y la solución no es tan fácil; antes tenéis, debéis, poneros de acuerdo: y como el amor humano es tan quebradizo y es tan difícil hablar de culpa, siendo tú, parte de la culpa, que acaba por no ser nadie el culpable, por no tener culpa, por no tener pecado.

Así liquidáis el pecado, y sólo queda como un mal imposible de erradicar, por ser social; colectivo.

Y sólo podéis compadeceros unos de otros: y unos de otros ser cómplices de tanto pecado. Esto hacen los protestantes, y es lo que desean que se haga en Mi Iglesia Católica.

¡¡¡No!!! (Y su voz es firme y seria).

¡No, no, no! Hijos santos, Yo, Dios vivo y soy Dios Hijo en Jesucristo. ¡Mira mis llagas, me clavaron en la Cruz!, y morí por ti, para que tú vivas para Mí; no por tus hermanos, sino por Mí, por Dios Hijo, el Cordero: Jesucristo.

Si no se bautiza, no se va luego a comulgar, ni a confesar, ni se casa, ni se hace uno sacerdote, ni se acuerda uno de Mí, de Dios, en las puertas de la muerte; ya no vivís los sacramentos.

Si no veis solución para tus pecados, mirándolos cobardemente como vuestros pecados, ya no acudes a confesar y no recibes por esto mi Gracia, la Gracia de Dios, que te doy al acudir al Sacramento de la Penitencia.

Y si no tienes mi Gracia, por confesar en la confesión particular ante un sacerdote, y a solas, no me recibes en el sacramento de la comunión.

Aunque acudas a comulgar, Yo no estoy en ti, me desvanezco al contacto de tu impureza, y comes pan, sólo pan, por mi gracia: aunque vayas a un santo sacerdote, que me haya consagrado santamente, y esté allí, en el pan que te da. Pero al ir a ti, al tocarme tú, Yo, Dios, me desvanezco, y tú no comulgas; acudes a comer pan, sólo pan, por tus pecados.

¡Estáis solos! Por eso vivís tan asustados. Hay tantos que estáis solos. Unos, por vuestra culpa, por no acudir a limpiaros individualmente por tus pecados, en el confesonario, y por cuanto Yo, Dios, me marcho de la Sagrada Hostia que entra en ti; si puedo ir, acudir, puedo marcharme, Soy Dios, ¿lo recuerdas? Otros, por culpa de los malos sacerdotes que no me consagran con intención y con veracidad de palabras, por cuanto no me recibís los que estáis en Gracia, por no estar Yo, Dios, en la Sagrada Hostia que no está consagrada.

¡Estáis solos! Yo, Dios, no estoy por vuestros pecados: cuánto lloráis y sufrís en vano.

Yo, Dios, deseo ayudaros, pero ya no sabéis el Catecismo, lo habéis cambiado por el manual del usuario. Os creéis tan importantes, tan grandes, tan dioses, que no deseáis a Dios, a Mí.

Y por lo cual, estáis solos y desesperados, ya que Yo, Dios, os creé para Mí, para ser felices Conmigo, con el que tanto os amo, con el que tan loco de amor estoy por cada uno de vosotros.

La tristeza de María no tiene límites, el sufrimiento de la Madre de Dios, mía, no acabó con mi resurrección, ya que vosotros no habláis de ella, y es como si no aconteciera.

Yo, Dios, Yo, Jesús, para muchos soy sólo un profeta, un hombre bueno; y esto no es justo. Ya no bautizáis en mi nombre, en el nombre de Jesús. Me “consideráis” tan amigo, que dejé de ser Divino para algunos, y sólo me veis humano, un hombre santo. Y claro, ¿por qué vais a bautizar a otro en nombre de un hombre?

Habéis deformado la verdad, queriéndome hacer tan y tan cercano; ya no soy Jesucristo, sino soy Jesús el Nazareno, hijo de José.

¡¡Soy Dios!!